miércoles, 6 de junio de 2012

"Boom" en 5 días.

Esta entrada me temo que va a ser una pequeña reflexión personal sobre algunas cosillas que me han pasado durante los últimos cinco días, así que siento desilusionar si esperabais encontrar una entrada currada y tal, pero de veras necesito hacer ésto.
Hace cinco días que todas las cosas se han vuelto un mar de rencor y odio, malentendidos, confusiones y peleas completamente absurdas con muchísima gente. 
Yo nunca he buscado la aceptación de nadie, es más, nunca me he esforzado por aparentar ser alguien amable o simpática y, de hecho, me enorgullece ser tal y como soy en cada momento, cosa de la que no mucha gente puede presumir.
De estos días podría destacar que me ha desilusionado bastante gente en muy poco tiempo, gente que parece que no me conoce, y otras que dicen conocerme y no tienen ni la más remota idea de quién soy y, sin embargo, me odian. ¿No creéis que, si bien debéis conocer a vuestros amigos, deberías conocer aún mejor a vuestros enemigos? Ya que al menos gastáis vuestro tiempo en intentar herirles o molestarles, deberíais saber al cien por cien cómo son, sino ¿cómo sabéis que le odiáis? No lo entiendo muy bien.
No voy a meterme en una burbuja a negar la realidad: ¿He tenido culpa de algo en estos cinco días? Sí. ¿Tanta como para que se formaran tales follones? En absoluto, y cualquier persona con sentido "común" (Y lo digo entre comillas porque cada vez es menos común entre la gente) sabría que lo que ha pasado no tiene ni pies ni cabeza.
Pero en fin, ya lo dice el refrán: "Si la vida te da palos, hazte una casa" y eso es lo que precisamente he hecho ahora yo.
Una casa, una casa enorme y bonita, hecha con cada cosa mala que me ha pasado, y la voy a llenar de música, la voy a llenar de buenos ratos y la voy a llenar de las sonrisas y el apoyo de la gente que me ha demostrado que, pase lo que pase, va a estar ahí.
Gracias, GRACIAS, de verdad.


PD: A ver si con un par de palos más me da pa' un aire acondicionao' pa' la casita, que me muero de calor.

lunes, 21 de mayo de 2012

Veinte emes, trece pellizcos, y ochenta y siete noches.

¡Y allí seguía! El Eucalipto tras esa interminable escalera de tierra, era el más bonito de todos, el más esbelto y tierno que quedaba sembrado. Seguía siéndolo, después de todo, el tiempo pasaba igual para toda la arboleda.
El viento soplaba con el mismo rumor ácido y abrasador que aquella tarde de mayo, bastante pegajosa y húmeda para la época, la brisa que chocaba ardiente contra la nariz, cosiendo una expresión tan arrugada como la corteza hundida del deformado tronco gris.
Era más alto, y seguía igual de elegante e imponente que cuando lo abandoné tatuado la última vez, aún sangrando por los nombres que tallamos, casi pensando encontrarlos allí en unos años.
Ya no me acordaba de que alguien los tachó poco después de haberlos tallado, aún así, me dio pena encontrar nuestros nombres ilegibles cicatrizados en la tierna corteza primaveral. 
Al pasar la yema de los dedos por la pequeña cicatriz de tres letras, casi pude olerte abrazándome por la espalda. Durante la árida sensación de vacío, pude notar cómo me clavabas los ojos, fue extraño recordarlo como sueño, como un simple pensamiento etéreo, como si nunca hubiese ocurrido.
Un escalofriante par de dedos de espinas bailaron por mi espalda al chocar la vista con el segundo nombre, estaba tallado con menos ímpetu, pero tachado con más rabia, un nombre de letras impares, como el tuyo.
¿Sabes qué? que está bien que lo tacharan, porque la culpa fue nuestra, por tallarnos en un árbol perfecto cuando lo nuestro no lo era, deberíamos haber tatuado lo que pasó a fuego en un árbol deforme y grotesco, con sus rectos y sus altibajos, con sus ramas caprichosas y sus hojas marchitas, ¿Sabes por qué? Porque a los árboles que crecen torcidos no los talan, no los cortan ni los rayan, porque no son útiles, porque no son bellos.
¡Y podría escribir como éste mil millones de textos! Porque hoy me he visto sonreír en el calendario, al ver que ha pasado como una lluvia de estrellas lo que yo imaginé como quinientas primaveras sin dormir.
Porque todo ha pasado, porque talarán el eucalipto y arderá la infinita escalera de tierra, y se congelará la brisa árida de mayo, y pasarán las hojas del calendario al ritmo de mis pasos bajando tu escalera...
Y pasarán los segundos,
y pasarán los minutos,
y pasarán las horas,
y los días.
Y pasarán también meses y estaciones,
y pasarán con ellos los años y los lustros,
seguidos por los siglos y milenios...

Sin respirar tus latidos inquietos que me gritaban desde tu boca.
y cuando todo eso pase, nada más pasará.