sábado, 9 de abril de 2016

Telegrama desde lo inerte

No sé ni cómo empieza,
en qué renglón,
cual fue exactamente la palabra,
el detonante,
en qué parte de la habitación estaba yo,
debería saber,
se supone,
debería saberlo.
No me explico ni a mi misma la idea vertical de regreso a la angustia, cómo sin perderla de vista a lo lejos la encuentro de frente en cada esquina, sembrada como un muro que cerca mis ojos y mis oídos,
¿Dónde estaba yo?
Aún no me lo explico,
no lo creo,
no lo ubico en esta desordenada estantería de pelusa y arañas,
¿Dónde estaba yo cuando llegué a creer?
¿Cuándo se supone que debía empezar a doler?
Tú eras, serías, y yo vendida al vacío de la culpa por nada,
por una ilusión de espiga.
Y me duele, me arranca la piel cuando recuerdo mi precio, cuando recuerdo mi valor, ¡Tú eras! ¡Yo era! ¿Dónde estaba yo?

y ahora, ¿dónde estás tú?

martes, 9 de febrero de 2016

Maybeyoushouldletitgo

Y si me lanzara al vacío,
si me vendiera al hilo que tira de mi estómago,
si quisiera bañarme en tus ojos,
si llamara a la puerta de la casualidad,
si cayera en el océano de lo improbable por tal de no ahogarme en el vaso de lo certero,
si encendiera mi última bengala,
si lo que está mal estuviera bien,

¿me querrías mirar?
https://www.youtube.com/watch?v=f6jA-l0Vj8A

jueves, 28 de enero de 2016

Ojos dichosos desde el espejo de polvo

He vuelto para sacarme del pecho lo que mi boca no sabe dejar ir,
he vuelto a ahogarme en la dualidad de los momentos que reviven, como una flor, de los restos de la muerta antes.
He venido a soltarme el pelo, a llorar de impotencia y enmarcar mis fracasos, reciclar mis éxitos, resaltar los hallazgos.
He vuelto para sobrevolar el tiempo que tanto,
tanto,
me cuesta admirar.
He vuelto para sangrar, para que mis voces de otros días, de otros años, me repitan al oído mis grandes tormentos.
He vuelto para hacerme fuerte, para dejarme caer en el sentimiento más intenso que sea capaz de destilar porque sobre todo he vuelto
porque ya no me queda
miedo.




jueves, 15 de enero de 2015

Otra inútil nota de despedida

No es sorpresa este cuento,
cuando susurran de gusanos y velos,
de flores y llamas,
de tierra y cielos.
No es mentira,
aunque pueda parecer desde la modesta tranquilidad del corazón que siempre late,
y no es mentira que cesa el tiempo, se enredan los minutos y, aunque sonríen las fotos, se resquebraja la rutina de comedor al ritmo de los pies que van invadiendo la casa.
Escuchamos el eco de las esquinas y las mismas palabras que se disfrazan, se desordenan, correteando por los oídos como hormigas asustadas, mientras te veo caer en el pantano del pretérito pero,
te veo tan,
luminosa, tan,
certera y calmada, tan,
en paz, como si no escuchases a toda esa estúpida gente revoloteando con sus falsas disculpas,
ahí sigues, preciosa, deshaciendo tus arrugas y,
casi me parece verte caminar y reír, y oh, qué bella eres,
tan libre, tan,
viva.
Cambiando tu calor por descanso,
fundiendo tu mirada con el aire de la habitación y, ¡Quién sabe qué parajes sobrevuelas!, ¡Y en qué línea de qué párrafo habrás decidido zambullirte!, tal vez navegas sobre las nubes, tal vez escarbas con tus uñas la tierra roja del desierto, ¡Tan libre, tan bella, tan viva!
Vuela, tranquila, vuela,
que hasta mi muerte yo guardaré,
tu luz, tu sombra, tu memoria.

Descansa en paz, abuela. 14 de Enero de 2015.