viernes, 22 de julio de 2011

P.P

Llegué a su ventana, apoyada en el arco miraba al cielo, siempre, con la ventana abierta, siempre, como la primera vez.
Su cara, su cara estaba llena de arrugas, de pequeños trazos de madurez, de experiencia en lineas escritas perfectamente en su frente, con dulzura clavada en los años que habían pasado por delante de ella, entre nosotros, separandonos...
pero era ella, era su misma sonrisa, su misma mirada dulce de niña, su pelo no era del mismo color, tenía los cabellos blancos, blancos como la nieve que cubría londres aquella noche, pero era ella, ese azul en sus ojos, esos ojos que me dijeron un día "no me olvides".
Esos mismos a los que juré que volvería a ver.
Por eso sonrió de aquella manera, porque no le sorprendió, porque sabía que volvería, y porque lo hice, porque llevaba esperando todas las noches, desde que era una niña.


Descubrí que en ese momento envejecí todo lo que me negué a hacer, mientras que ella seguía siendo la niña risueña de ojos azules de la que alguna vez me enamoré, la niña de los labios carnosos que nunca me atreví a besar, la niña a la que nunca quise seguir, la niña que me estuvo esperando hasta que la llama de su juventud se apagó por completo. Sin embargo su belleza brillaba como la más brillante estrella de aquella noche, más que cualquier estrella a la que alguna vez la llevé, me hizo volar como jamás le hice yo hacerlo, lo hizo sin polvo de hadas, simplemente se levantó del alfeizar de su ventana, donde años atrás la encontré imaginándome, soñándome y mirándome con sus ojos de niña. Aquella noche supe que quien la soñaba era yo.

"Te he esperado toda mi vida" - Me dijo con una voz completamente distinta a la que recordaba. Sus ojos azules se inundaron en un mar de recuerdos y me acarició con sus blancas manos talladas de experiencia. Cuando se desvaneció sonriente sobre mi pecho comprendí que no volvería a visitarla jamás.
Pero ella y yo teníamos un sueño en común, soñar, soñar dormidos, despiertos, vivir nuestros sueños, imaginarlos, dibujarlos, leerlos, besarlos, casi tocarlos con las yemas de los dedos, porque tanto ella como yo sabíamos lo que éramos, dos niños, los niños que jamás crecieron.





Buenas noches, princesa, buenas noches para siempre.

jueves, 14 de julio de 2011

Eres bastante más de lo que crees que eres.


                  "Si eres piedra da igual, yo seré pedregoso camino"
                                Casi 6 meses y ya no me imagino sin ti...



~Te amo mucho, mucho más del te amo que te digo.

miércoles, 13 de abril de 2011

Caida Libre.

Curioso nombre para esta caida.
Se le llama caida libre porque es una caida al vacío, sin cuerdas, sin límites, sin salvación ni perdición, todo cuesta abajo y sin frenos.
Pero sin duda alguna, la caida es libre sobre sí misma, ya que nosotros no lo somos ante ella.
No somos libres de culpa o de preocupaciones, pues son ellas mismas las que nos arrojan al vacío, son ellas mismas las que nos encarcelan en una celda de depresión, las que nos acorralan.
No somos libres de pecado, ni tampoco de resentimiento, no somos libres de espíritu, tampoco somos libres de mente, ni libres de pensamiento, no tenemos unos ideales libres ni una libertad amorosa.

Ni siquiera eres libre de tus propios actos, por mucho que te digan terceros, pues, si les es posible, no te dejarán efectuar tu caida, libre, ansiando esa libertad, como quien ansia la muerte hasta que la conoce, pues solo entonces se conoce verdaderamente a la vida.

Miras, aquella ciudad que te vio crecer, o que no lo hizo, aquella ciudad de la que estás enamorado o a la que nunca quisiste visitar, aquellos edificios que te inspiran o que te desquician, aquellas personas, diminutas, comparadas contigo, allí, desde lo alto.
Un par de calculos, tal vez, trayectoria del viento, porcentaje de posibilidades de dónde vas a caer, la duración de la caida y tal vez reflexionando, tal vez, buscando un solo motivo por el que deberías echarte atrás o uno solo por el que no hacerlo.
¿dolerá, será rápido, qué veré, qué me espera a parte de mi ansiada libertad, seré famoso, romperé mi reloj, quién va a darle comida a mi gato hasta que mi familia se de cuenta de que no estoy?
Y entonces, tras el último soplo de aire, saltas, desafiando a las leyes de la física, gravedad y lógica.
Ya no hay tiempo para arrepentirse, ya solo queda volar, volar y estamparse con la realidad, en una silla de ruedas o en una foto anónima en blanco y negro bajo un titular en una esquina del más rebuscado periodico de Londres, o en última hora del noticiario, o en una absurda leyenda para enseñar a los niños que no hay que saltar al vacío.

Pero todo eso ya no importa, porque eres libre...
espera, ¿lo eres?



Polvo, ceniza, recuerdo.
nada, excepto memorias anónimas, que no existieron jamás y solo en un estúpido blog.
Espero noticias desde ninguna parte.